De Gabriel...
- Damián Martino

- 18 mar 2024
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«Ángel, esto es para que escribas lo que con el alma y la sangre se ha sellado en Los Cielos y la Tierra. Yo soy el testigo que La Luz del Padre ha penetrado como vencedor en los Abismos. Ese día rompió las puertas de frío metal e hizo trizas los cerrojos del miedo. Presta atención, pues no digo que ha abierto las puertas ni que las ha quitado, sino que las ha destruido para dar a entender que ya no habrá prisión, aseverando que ha aniquilado el lugar de los cautivos. Una prisión que ya no posee puertas ni cerrojos no puede retener a los prisioneros. Las puertas que él ha roto, ¿quién las podría restablecer? Los cerrojos que él ha hecho trizas, ¿quién los podría restaurar? Los poderosos de la Tierra otorgan libertad por medio de amnistía dejando intactas a las puertas y a los guardias de la prisión para demostrar a los que son liberados que pueden volver a entrar en ellas. La Luz no actúa así. Rompiendo las puertas nos dice que ya no existe la cautividad ni la muerte. ¿Por qué las puertas? Porque ninguno de sus cautivos pudo escaparse de la muerte hasta el día en que el Guerrero descendió en el Abismo para arrancarlos del miedo a ella. En la plenitud de la luz y, como La Luz, él vino y no abandonó la región de los muertos, sino que la unió a su espíritu y la hizo suya. Y es así como por el Espíritu de Dios, por las manos y con la fe, hizo nacer al hombre nuevo.» Gabriel.
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