Quien desee recibir mi iluminación.
- Damián Martino

- 18 mar 2024
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«Qué maravillosa es la autoconfianza en el ser, mas aquel que se presente ante mí con soberbia, será humillado frente al pueblo por sus propias acciones. Preserven la lengua impía, esa que hiere sin conciencia cierta. Preserven la lengua impía, esa que envenena vuestra alma y hace al mismo ermitaño parecer más acompañado de aquel que profirió el veneno. Demuestren la sed de saber al Maestro, aquel que, con su infinita bondad y paciencia, desea ver vuestro progreso. Prométanse a vosotros mismos y a él, el ascenso iluminado. Permitan que vuestros horizontes sean mar- cados por el Padre de Los Cielos y no por el hombre terco y hostil.
Aprendan de vuestras virtudes y no de vuestra letargia. Asuman el compromiso de crecer en la sabiduría de Dios Padre y no en la experiencia carnal. Cuando el aprendizaje se haya logrado, ahí, pues, Dios Padre permitirá al hombre asumirse como tal. Entonces, estará en condiciones de manifestar el equilibrio justo entre el espíritu y la mente. Conozcan las propias potencialidades divinas a través de la oración, de la sincera oración nacida del espíritu creyente. Venzan los obstáculos del egocentrismo que nublan la entrada de vuestra propia divinidad, porque vosotros son tan divinos como vuestro Padre, pero las emociones vanas no permiten su sentir. Impartan la palabra de mi conocimiento a todo aquel que desee escucharla. Impartan la palabra de mi conocimiento a todo aquel que no desee escucharla. Entonces, ayudarán a cada uno a crecer en su propia iluminación y cuando me sientan en sus corazones, los bendeciré con mi amor infinito.
Busquen la serenidad del espíritu cuando vuestras mentes se encuentren avasalladas por el símil o por aquellos sutiles que deseen confundir. Ambos son, de igual modo, injustos y paganos. Ante mi vista, sagrado es aquel que el cono- cimiento de su propio existir permite fluir entre todo ser viviente, pues La Creación otorgó a todos la facultad de conocer y sentir. De conocerme y sentirme. Cuántas palabras más he de decir si no escuchan más que vuestras propias verdades. Batallan con vuestro propio género en vez de amar y aunar. Aprenderán cuando el verdadero amor del Padre de Los Cielos, en comunión, esté en equilibrio con el vuestro. No antes. Por último, quien desee recibir mi iluminación, solo bastará la humildad y el real deseo de amar a cada una de las criaturas de mi Reino. Si así no fuera, no los complaceré, no me sentirán, pero siempre estaré aguardando y custodiando vuestras almas, pues mi amor su-pera toda clase de obstáculos.»
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